Te ha contestado seco esta mañana. Tú ya has decidido por dónde van los tiros: "le caigo mal", "está enfadado conmigo", "ya lo sabía yo". Y te pasas el día con eso en la cabeza. La mayoría de tus problemas con otras personas son problemas con tu interpretación de otras personas. Esa persona puede tener un mal día. Puede no haber dormido. Puede tener algo grave que no te ha contado. Próxima vez que alguien te conteste seco: pregúntale qué tal está. Si pasa algo. Si necesita algo. Vas a alucinar con la frecuencia con la que estabas equivocado.
No son las cosas las que perturban— Epicteto · Enquiridión, capítulo 5 (año 108 d.C.)
a los hombres,
sino las opiniones que tienen sobre ellas.
Epicteto fue esclavo durante su juventud. Su amo, Epafrodito, le rompió una pierna y la dejó coja para siempre. Cuando recuperó la libertad, fundó una escuela de filosofía en Nicópolis y enseñó hasta su muerte hacia el año 135 d.C. Nunca escribió nada: lo que conservamos lo apuntó su discípulo Arriano.
Esta frase es probablemente la más importante de toda la psicología cognitiva moderna, dos mil años antes de que existiera. Lo que te jode no es lo que pasa, es lo que te cuentas a ti mismo sobre lo que pasa. La factura inesperada no te jode: lo que te jode es pensar «no me lo merezco, otra vez yo». El comentario del jefe no te jode: lo que te jode es interpretar «me la tiene jurada».
Cuando entiendes que el problema no es la situación sino tu juicio sobre ella, recuperas un grado de libertad enorme. La situación no la controlas. El juicio sí.
Uno de cada cinco hombres entre 30 y 54 años en España afirma sufrir soledad no deseada. Cada vez tenemos más amigos en redes y menos teléfonos a los que llamar un domingo por la tarde.
La cifra es escalofriante porque es invisible. Nadie te dice que está solo. Tu vecino, tu compañero de oficina, tu colega de toda la vida: pueden estar sufriendo soledad y tú no lo sabes. Y lo más jodido: ellos tampoco te lo van a decir, porque a los hombres nos enseñaron que pedir compañía es debilidad.
La amistad masculina, después de los 35, se atrofia si no la riegas. Los amigos del colegio se mudaron. Los compañeros de trabajo cambiaron de empresa. La pareja, los hijos, la hipoteca, el cansancio. Pasan tres meses sin llamar a nadie y nadie te llama a ti. Y un día te das cuenta de que no tienes a quién llamar para tomar una caña sin un motivo concreto.
Llama hoy a alguien sin razón. Sin agenda. Sin pedirle nada. Solo a saludar. Es la cosa más infrautilizada y más útil que puedes hacer en los próximos diez minutos.
Los que llegan lejos no empiezan con más talento.
Empiezan con mejor compañía.
Únete a los hombres que no quieren vivir en piloto automático.
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