Marco Aurelio fue emperador del Imperio Romano entre los años 161 y 180 d.C., en el momento de mayor extensión territorial de Roma. Pasó la última década de su vida luchando contra los marcomanos en las fronteras del Danubio, en lo que hoy es Austria y Hungría. Allí, en su tienda de campaña, después de cenar y antes de dormir, se sentaba a escribir cuadernos en griego que nunca pensó publicar. Eran apuntes para sí mismo. Recordatorios de cómo debía comportarse al día siguiente. Lo llamó Ta eis heauton, lo que está dirigido a uno mismo. Hoy lo conocemos como Meditaciones.
No hay otro libro como este. Es el único caso documentado de un hombre con poder absoluto, sin nada que demostrar a nadie, escribiendo en privado para mantenerse decente. Marco Aurelio no escribe filosofía: escribe disciplina. Cada día se recuerda que va a tener que tratar con gente difícil, que la mayoría no actúa con mala intención, que su ira es asunto suyo y no de los demás, que la muerte es lo único seguro y por tanto cada hora que vive es un préstamo. La libertad última, la única que nadie te puede quitar, es elegir cómo respondes.
Léelo si tienes responsabilidades. Si gestionas personas, si educas hijos, si llevas un negocio. Léelo si llevas años creyendo que la calma se gana cuando los problemas externos se resuelven, y empiezas a sospechar que es justo al revés. Es un libro corto, doscientas páginas, que se lee en saltos: tres frases por la mañana, dos por la noche, durante años. Mandela lo leyó en Robben Island. Frederick el Grande lo llevaba en campaña. Bill Clinton lo recomienda como uno de los libros que más le marcaron. Hay una razón por la que dieciocho siglos después, los líderes que de verdad piensan siguen volviendo a Marco Aurelio.
Coge papel y boli. Treinta minutos. Móvil en otra habitación. Esta semana toca pensar en quién falta en tu vida diaria — y por qué. La calidad de tus relaciones es la calidad de tu vida.
Familia que se hace mayor. Amigos que están pasando un mal momento y tú lo sabes. Mentores a los que les debes algo. Antiguos compañeros con los que tenías química. Escribe los tres nombres. Los que se te vengan primero.
No tiene que ser alguien malo. Puede ser alguien con quien sigues quedando por costumbre, no por elección. Alguien con quien las conversaciones siempre acaban con tu humor peor. Anótalo. No tienes que cortar nada todavía. Solo verlo en papel.
Si quieres montar una empresa, necesitas emprendedores cerca. Si quieres mejor salud, necesitas gente que entrene. Si quieres ser mejor padre, necesitas padres con criterio. Las personas con las que pasas tiempo te empujan hacia arriba o hacia abajo. ¿Qué tipo de gente te falta?
Los que llegan lejos no empiezan con más talento.
Empiezan con mejor compañía.
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