Alguien te está contando algo y antes de que termine, le interrumpes para informarle de que tú ya lo sabías. La intención es parecer informado. El efecto real es lo contrario: parece que te molesta no ser tú quien tiene la información. La persona que te cuenta deja de hacerlo. Y la próxima vez no se molesta en abrirte una conversación. Lo hacen los hombres inseguros que confunden saber con tener prestigio. La gente que de verdad sabe nunca tiene prisa por demostrarlo: deja que el otro termine, asiente, y solo después matiza si hace falta.
Aunque sea para decir "lo recibí, te respondo bien la semana que viene". El silencio se interpreta como desinterés o como mala educación, casi nunca como ocupación. Y un email respondido a tiempo, aunque sea breve, es uno de los gestos más infravalorados del trabajo profesional moderno. Si no tienes la respuesta lista, manda acuse de recibo. Si vas a tardar, di cuándo. Si no vas a contestar, dilo también. La gente recuerda mucho más a quien la respeta con su tiempo que a quien le da la respuesta perfecta tres semanas tarde.
Los que llegan lejos no empiezan con más talento.
Empiezan con mejor compañía.
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