Estás en una cena. Aparece la conversación sobre alguien que no está. Y le caes encima: tu jefe, tu cuñado, un compañero, un amigo de la infancia que ahora no te cae bien. Te ríes con los demás. La cena fluye. Pero algo pasa en la cabeza de cada uno de los presentes que tú no ves: todos están pensando que cuando ellos no estén, hablarás igual de ellos. Y no se equivocan. La gente con criterio aprende pronto que hablar mal de los ausentes es lo que más rápido te resta credibilidad. No moralmente. Operativamente: la gente deja de contarte cosas y deja de invitarte donde importa.
La diferencia parece pequeña pero es enorme. "¿A qué te dedicas?" obliga a la persona a etiquetarse: abogado, comercial, autónomo, en paro. Suena a entrevista de trabajo y suele acabar la conversación en treinta segundos. "¿En qué estás trabajando ahora?" abre una puerta: deja hablar de un proyecto concreto, de un problema interesante, de algo que les ilusiona o les agobia. Las mejores conversaciones que vas a tener este año empiezan con esa pregunta. La gente con criterio no pregunta lo que tú eres. Pregunta lo que estás haciendo.
Los que llegan lejos no empiezan con más talento.
Empiezan con mejor compañía.
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